“Tener éxito en la vida” ha cambiado de significado

 

El ÉXITO con mayúsculas nunca dejará de ser llegar a ser el mejor en lo que haces, en lo que amas. Desde la típica imagen de estrella de la música, Hollywood o la NBA rodeada de fama y lujo, hasta los no menos importantes científicos, emprendedores, artistas o pensadores cuyos nombres quedan grabados en la historia y sus obras perduran para siempre.

Pero antes de todo esto debemos hablar de otro tipo de éxito, en realidad, es algo que ni siquiera debería llamarse así porque debería ser lo normal, pero por desgracia, en unos casos dependiendo de circunstancias ajenas, en otros, propias, hoy en día se puede tratar esta circunstancia de Éxito. Hablamos de un éxito básico, terrenal y al alcance de todos. Un mínimo exigible. Un concepto que a los del rebaño nos presentaron ya como “tener éxito en la vida”.

 

El hipócrita, sedentario y ostentoso “éxito en la vida” de un tiempo hasta ahora.

 

El concepto de éxito hasta ahora ha venido siendo, y aún lo seguirá siendo para muchos: Estudiar cualquier carrera con el objetivo de tener un trabajo reconocido por la sociedad como “un buen trabajo” (que no es más que un trabajo bien pagado), comprarse un coche, meterse en una hipoteca, casarse, crear una familia, comprar todo tipo de lujos y caprichos (“Que para eso estamos penando trabajando coño!”) y vivir así contando años hasta la jubilación para poder tener tiempo para hacer lo que plazca y paradójicamente* disfrutar entonces de la vida.

*Es paradójico porque este tipo de personas tiende, a lo largo de su vida, a decir que ya tienen todo lo que pueden necesitar y que ya la disfrutan plenamente.

En resumen, tener dinero, acomodarse y competir con tus vecinos por ser el gallo del corral. El resto son tonterías.

 

“Hombre claro! Ya quisieran muchos. Como Dios manda! Esos que dices al principio sólo son gente normal que ha tenido suerte en la vida.”

 

 

"Collect moments, not things"
“Collect moments, not things”

 

 

Ya he experimentado que este modelo de vida para alguien como yo es bastante deprimente. Consiste en ver pasar ciclos de 7 días exactamente iguales, contar días hasta el próximo festivo y ver pasar cada día haciendo casi en su totalidad algo que no me llena. Dedicando solamente unas 2 o 3 horas al final del día, cuando más cansado estoy, a lo que me gusta. ¿Gano dinero, que es prácticamente necesario para cualquier movimiento en la vida?. Si, pero eso no lo es todo. ¿De qué sirve el dinero encerrado en este bucle?.

Ahora entiendo cómo muchas personas acaban desorientadas de su propia vida, perdidas, sin objetivos si algún día se pararon a pensarlos, debido al frenesí de la maquinaria vital a la que pertenecemos como engranaje. Trabajando sin saber muy bien para qué e intentando solventar las emergentes carencias emocionales con caprichos y comparándose con los demás, por ejemplo, intentando tener un coche más caro y una tele más grande que la del vecino. Desgraciadamente, este modelo de vida es el más común. Un modelo de vida más que bueno si lo comparas con vivir en la calle. Pero sobrepasada esa barrera, hay muchas formas de vivir, que no se tienen en cuenta ya que vivimos anestesiados por el cómodo frenetismo del día a día.

Creo que todo esto es resultado de un error cometido al principio, por no esforzarse en conocerse a uno mismo,  y ver cual es el sentido de la vida propia. Nada de películas, hablando claro. Nada del sentido de la vida de la humanidad, eso es imposible de homogeneizar. Si no simplemente de la vida propia, mirar dentro de uno mismo con ojo crítico y esforzarse en conocerse, ese es el primer paso. Esto hay que hacerlo al principio, porque cuanto más mayores nos hacemos, más difícil es rectificar, más condicionantes tenemos. Nunca es tarde dicen, y hay mucha gente que lo ha demostrado, pero no voy a entrar ahí porque no lo conozco.

Sin embargo, si ahora se le da poca importancia a esto, antes se le daba menos y este modelo de vida de plantilla ha sido un modelo de vida aplicable y bastante efectivo hasta ahora por varias razones:

 

  • Las opciones de movilidad eran inferiores y más costosas, esto facilitaba la tendencia a asentarse en un entorno cómodo.
  • Al final de toda vida existía un aparente seguro de disfrute llamado Jubilación, donde tenías una paga fija y tiempo para poder disfrutar de la vida. O lo que te quedara de ella, y con la salud que pudieras. Porque algunos pobres, después de pasarse la vida trabajando ni han llegado. Pero era suficiente para aceptar.
  • Había menos cultura, en general, con todo lo que ello conlleva. El idiotizador cuadrado que todos tenemos en nuestro salón era la batuta de las vidas de muchas personas. Al ser la principal fuente de información todo lo que quisieran contar entraba en la cabeza sin problema porque no existía o era difícil encontrar, alguien o algo con lo que contrastar la información.

 

Solo hay un caso en el que esto sea admirable. Y volvemos al caso de, o esto, o vivir en la calle. Son esas personas cuyas circunstancias son tan duras que simplemente conseguir un trabajo decente y una casa para poder darle una educación a sus hijos ya representa en sí la realización de un sueño, toda una vida de trabajo y por tanto, un éxito. Y es que efectivamente lo es, es un éxito en la vida, porque su sueño era salir de un entorno poco beneficioso y darle a sus hijos lo que ellos no tuvieron. Creo que solo en este caso es admirable llevar un modelo de vida así, si no, solo somos una oveja más del rebaño.

 

Cuando no sabemos si habrá mañana solo nos queda vivir hoy.

 

Gracias a que los 3 pilares del modelo de vida tradicional se están literalmente desplomando, se está empezando a tener en cuenta un modelo de vida completamente distinto. Y por tanto, otro concepto de “éxito en la vida”. Más basado en el día a día que en el largo plazo:

  • La gente sabe que por 30 euros se va a Londres en avión con un alojamiento buscado desde su casa antes de salir, sabe que puede irse a la India en 2 días y su familia podrá saber en 2 minutos y unos cuantos bytes si ha llegado bien. También sabe que es más “fácil” que nunca encontrar un trabajo en un lugar que no tengamos al alcance de la mano y actúa en consecuencia.
  • La gente sabe mejor que nunca que el gobierno y la iglesia están corruptos, que vida solo hay una y que el final de la vida laboral es una nube de polvo. Que ya no vale aquello de sacrificarse ahora para descansar después y que no hay más Dios que vele por nosotros que el que representa cada uno de nosotros para sí mismo.
  • La gente ve la tele como quien mira un hamster correr en una rueda, conociendo cual va a ser su siguiente movimiento. La publicidad de los medios tradicionales es cada día más artificial y menos convincente y las noticias se observan con espectante escepticismo, viendo cómo maquillan la historia conociendo perfectamente 10 fuentes contrastadas antes de sentarse a comprobar la teoría de que la tele es una pantomima.

Que esto esté ocurriendo es genial, pero en el fondo, no es tanta la gente que se da cuenta de todo esto…

 

Los tiempos cambian, las personas también, y con ellas, las ideas.

 

Doy gracias a esas personas que me encuentro en mi camino y comparten conmigo su forma de ver la vida. Con ellas veo que en realidad también hay una gran parte de personas en el mundo con inquietudes que me alegran el día al saber que no me estoy volviendo loco y no soy el único que piensa así.

Hace unas semanas, en uno de mis viajes a Madrid, llevé conmigo a una profesora de inglés, viajera, casada, con una hija universitaria y con un espíritu más jóven que muchos recién graduados. Me contaba que no podía creer cómo había estudiantes que ofreciéndoles una beca para irse a estudiar a Inglaterra o Francia unos meses la rechazaban porque iban a ser las fiestas de su pueblo durante ese periodo. Que ojala hubiera existido eso cuando ella estudiaba, y que en general, se sorprendía de cómo la mayoría de los jóvenes de hoy en día no aprovechamos las oportunidades que tenemos al alcance, que las tenemos más cerca de lo que ninguna generación anterior las tuvo.

Sinceramente, aquella mujer me alegró el día y creo que estaba totalmente en lo cierto. En el fondo tomar ese tipo de decisiones es una cuestión de inquietudes y aspiraciones, de lo que cada uno quiere para sí mismo, de su propio concepto de éxito. Pero claro, para ello, hay que planteárselo antes. Si no, lo más fácil será siempre aceptar y tomar como verdadero el primer consejo que nos ofrezcan. Esto resulta más fácil aún porque podremos engañar a nuestra conciencia eximiéndonos de la culpa si fallamos.

 

Déjame decepcionarte

Si esperabas una lista de pasos a seguir como hemos hecho con el modelo de vida típico, déjame decepcionarte, no voy a dártelo porque no lo conozco. Ni siquiera creo que exista una lista genérica. Estamos hablando de buscar un camino complejo, el de la introspección y la búsqueda de la felicidad propia, el otro es el camino cómodo y fácil, el de dejarte guiar, aceptar el primer consejo que te ofrezcan y echarle la culpa a otro si no llegas a donde querías.

En nuestra vida no siempre tenemos en cuenta todas las variables (o intentamos tener todas las que podamos) y dejar pasar oportunidades hoy en día es una acción propia de un sedentarismo, un conformismo y una filosofía de vida vieja que poco tiene que aportar a la incertidumbre y velocidad de cambio de nuestros días, cuyos principios de vida están empezando a basarse más en aprovechar el tiempo, y disfrutar el día a día, más que dejar correr los años generando un seguro para poder aplazar la felicidad al final de nuestras vidas.

 

¿No crees?

 

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