En busca de la felicidad laboral

 

El panorama actual es desolador, en todos los sentidos.

Tuve la suerte de encontrar trabajo antes de acabar la carrera. Es un lujazo ser ingeniero tan joven, pero de momento hago un trabajo que nada se parece a lo que realmente estudié y lo que quería para mi futuro, así que en lugar de decirme que aquí ya estoy bien, decidí luchar y no olvidar que esto es un paso, manteniéndome firme trabajando fuera de la oficina todos los días para alcanzar mi felicidad laboral. Esto empezó a generar a mi alrededor una polvareda de consejos de “personas que saben de la vida” a cada cual más desalentador o irrisorio, según te los quieras tomar.

Siempre fuí consciente de que yo no tenía ni idea del mundo laboral, ya que salí de la carrera trabajando directamente, y que lo que me decían podía ser completamente cierto, sin embargo, lejos de hacerles caso sin más, me propuse averiguarlo por mí mismo. Así que intentando tener los pies en la tierra y moverme con el máximo cuidado posible, llevo 1 año intentando buscar trabajo de diseñador. Aún no lo he conseguido, hay gente muchísimo mejor que yo compitiendo conmigo, así que me queda mucho por recorrer aún. Pero no creo que la cosa esté para tirar la toalla y quedarme a trabajar desde mis 23 años hasta mi jubilación en un trabajo que no disfruto, en una ciudad que no me ofrece nada y en un entorno que me aporta más bien poco. Las oportunidades están ahí fuera, solo hay que encontrarlas.

 

"These are hard times for dreamers. Yeah as usual..."
“These are hard times for dreamers. Yeah as usual…”

 

Pesimismo viral

 

La actualidad laboral es bastante desesperanzadora. Es cierto. Hay poco trabajo, cada vez más competencia, y la mayoría de los trabajos que hay están mal pagados y con unas condiciones más que cuestionables. Sin embargo, hay que admitir que hay casos en los que no es así. Algunos sectores están reflotando, y aunque aún estamos muy lejos de poder considerar que el empleo aflore allá donde vayamos, estos factores todavía no son tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones, y peor aún, a la hora de aconsejar a otras personas.

Esta situación ha acabado generando un panorama donde la mayoría de las personas ha adoptado una actitud completamente pesimista. Hay personas que no, pero al menos en mi entorno, hay que buscarlas bien. Es cierto que “la cosa está muy mal” pero es imposible que no haya trabajo por ningún lado. Las empresas se mueven, las personas también. Si no es en este país, es fuera, pero no se puede alcanzar una negación tan absoluta como se está alcanzando.

Yo creo que en muchos casos existe un problema de actitud. Una resignación y una aceptación que, a no ser que la persona lo haya vivido, es infundida, como ocurre en la mayoría de los casos jóvenes. He salido de la carrera hace poco y me impresiona mucho escuchar a chavales que aún no la han acabado hablar ya de que la cosa está muy mal, sin saber apenas lo que es infojobs. Por favor, no podemos empezar ya así. Esa negatividad es infundida por su entorno, que comenta la situación y aconseja. Unos basándose en una sólida experiencia, pero otros, simplemente porque es lo que dice la gente, la tele, los periódicos…

 

 

 Empresas vs Personas

 

Desde mi punto de vista, existen hoy en día en el mundo laboral, 2 corrientes paralelas que se alimentan una de la otra, facilitando que situaciones como esta no desaparezcan jamás:

  •  La corriente de las empresas y los Recursos Humanos, conocedores de la abundancia de mano de obra, aprovechan la situación para ofertar un puesto de trabajo con pocos detalles, jugar con la incertidumbre, ofrecer condiciones laborales que rozan la precariedad y en difinitiva, aprovechar la desesperación de los trabajadores.
  •  La corriente de los trabajadores y los estudiantes que algún día deberán enfrentar el mundo laboral. Ellos y todas las personas a su alrededor que con buena experiencia o no, les dan consejos.

 

Siempre habrá personas cuyas circunstancias sean duras, la vida no les ofrezca alternativa y deban resignarse y aceptar lo que la vida les ofrece. Sin embargo existe otro tipo de personas, mucho más común, entremezclado con el tipo anterior porque adoptan unas justificaciones muy similares a la hora de no intentar mejorar su situación. Salvo que en el primero de los casos son complicaciones reales y en el segundo, excusas.

Un ejemplo bastante bueno y abundante de esto, son los trabajadores que están acomodados en un trabajo, sin llegar a ser exactamente lo que a ellos querían en un principio, pero pagaban bien y la pasión que tenían en mente, si la tuvieron algún día, pasó a ser más una cosa de película que algo realizable. Ellos ya estaban bien posicionados y como para su entorno ya eran un éxito (y este se los transmitía), se acabaron quedando ahí.

Si como yo, ya te mueves en estos círculos o los tienes cerca, seguro que te suenan las frases “y dando gracias”“más vale pájaro en mano que ciento volando”“tampoco estamos tan mal“, y los inquietantes “con la que está cayendo” y “mejor me quedo aquí hasta que pase el chaparrón”

¿Y eso cuando será? Lo siento, pero estoy seguro de que visto así, ese chaparrón nunca pasará. Con esa actitud siempre encontraremos una excusa para esperar, y finalmente, tras 10 o 20 años, pensaremos en aquello que queríamos hacer como algo que nos gustaba, pero que encontramos este trabajo, que no se estaba mal, pagaban bien y ahi nos fuimos quedando… Así ocurren más tarde las crisis de los 40 y los sentimientos de desorientación en la vida. Eso, o ponerse una venda en los ojos y llegar hasta el final de la vida así.

 

 

Entonces, ¿cuando es un buen momento para cambiar las cosas?

 

Nunca es un buen momento para cambiar las cosas importantes. Siempre podremos encontrar inconvenientes que nos impidan tomar la decisión de cambiar las cosas. El error está en esperar a que todos los semáforos se pongan en verde. Eso es lo que le ocurrió a nuestros trabajadores de antes, que esperaron a que llamaran a su puerta, y eso nunca ocurrió.

Es como esperar el mejor momento para salir de la corriente del río antes de llegar a las cataratas y caer al vacío. Si dejamos pasar momentos para salir por no ser todo lo cómodos que podían ser, al final, no salimos nunca. Y caemos por la catarata.

Así que, que nunca haya un momento perfecto para cambiar las cosas solo nos deja una opción. Que ese momento sea cualquier momento. El entorno no va a hacer que algo ocurra, somos nosotros quienes debemos preparar la situación para que algo ocurra. Si se busca, el momento llegará. Hay personas que a pesar de estar viendo “el chaparrón”, no lo ven como una limitación, saben que la situación es complicada, pero la analizan y se preparan constantemente para que llegue ese momento de cambio, porque las cosas importantes no cambiarán si no luchamos para que eso ocurra. El máximo exponente de este tipo de personas lo podemos encontrar en los emprendedores que han demostrado que la mayoría de las empresas exitosas nacieron en tiempos de crisis.

Está claro que todo es una cuestión de análisis y puntos de vista.

 

 

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“There’s never good times to change important things”

 

 

No vivimos la misma situación que las anteriores generaciones.

 

En el modelo de vida tradicional, el de nuestros padres, abuelos y antepasados, con unas opciones de movilidad mas bajas, un mundo mucho menos informado y con unas jubilaciones seguras, lo normal era conseguir un buen trabajo de lo que fuera, comprarse una casa, crear una familia y vivir sedentariamente en una caja de cartón. Porque la situación lo propiciaba. (Y aún así había gente que no seguía ese camino).

Hoy en día, las cosas han cambiado bastante. No descartar ninguna opción no significa ponerse a trabajar de cualquier cosa y agachar las orejas, si no luchar por disfrutar cada día haciendo lo que nos guste, lo que nos llene, lo que nos haga sentir realizados.

Nuestra realidad es un poco distinta. Hemos llegado a un punto donde vamos a pasar trabajando desde nuestros actuales 20 y pocos, hasta los 67  (Por ahora). Pero a diferencia de nuestros antecesores, la jubilación para nosotros, va camino de convertirse en un mito del pasado. La vida de las pensiones se estima cada día más corta. Tanto, que hace unos meses estimaban que se acabarían en 2024 y el mes pasado la previsión era para 2018.

Así que ni siquiera tenemos ya ese “consuelo” al final de nuestra vida para justificar pasarla viviendo infelizmente. Es triste que antes lo normal fuera esperar hasta los últimos años de vida (el que llega a alcanzarlos) para poder disfrutar de la vida. Pero nosotros ya ni siquiera tendremos esa triste posibilidad.
Entonces, hoy en día que las jubilaciones son prácticamente descartables, la mayoría de los trabajos van a tener un punto donde cojeen, ya sea económico, emocional, social, etc. Y viviendo en un mundo conectado, con más avances tecnológicos y más posibilidades que nunca.

¿Qué podemos pedirnos con un futuro tan incierto, si no es intentar disfrutar nuestro día a día haciendo lo que nos apasione? ¿Encontrar la felicidad laboral? ¿No sería correcto pedir al menos eso?

 

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